Recuerdo aquel día que me dije: “te levantarás y escribirás lo qué vas a hacer y cuando te vayas a dormir, escribirás qué has hecho durante el día”.
Como en aquella época no tenía trabajo, me fijé un objetivo claro: saldrás a la calle a buscar trabajo. Pero enseguida pensé: “¿En la calle dan trabajo? ¿Esa señora que pasea el perro me va a dar trabajo? ¿Me lo darán los chinos que llevan el restaurante de la esquina y en el que sirven de todo menos comida china? ¿El del kiosco me contrataría como lector de noticias para esos clientes que se le ponen a leer los titulares y se van luego tan campantes sin comprar siquiera los periódicos gratuitos?” ¿Salir a buscar trabajo? Pero si eso ya no se lleva. Días antes un colegilla, tan parado o más que yo, me dijo que para conseguir un curro, lo que se lleva es el networking. ¿Cómo no había caído antes? !El networking!. “Er netguorquing”, tal como lo dijo mi colega. Es tejer una red de contactos, como las arañas y esperar que las ofertas de trabajo, grandes negocios y gente interesada en lo que haces caigan como moscas. Te va a forra, chaval.
Convencido de que eso era lo que tenía que hacer, aquel primer día escribí: crearé mi red de contactos. Lo apunté en un pos-it que enganché en la pantalla del ordenador, en la parte de abajo, bien a la vista. Y acto seguido me puse a la labor. Lo primero que hice, siguiendo los consejos de mi amigo, fue crear una cuenta de correo en google. Un gmail, que le llaman. Vaya nombrecito. Suena como a escupitazo...jjjeeeemeil....como si uno rebuscara en el fondo de la garganta un cúmulo de saliva para luego amasarla sobre la lengua, hinchar los pulmones respirando por la nariz y luego soplar con la boca pequeña para que salga a presión y se estampe en la pantalla del ordenador. Pero bueno, es lo que todo el mundo tiene. Todo el mundo tiene su jemeil. Tengo un jemeil, deben decir botando de alegría en cuanto reciben uno. Y lamparón de salivazo en el ordenador.
No me costó demasiado darme de alta. Rellenar unos cuantos campos, inventarme una contraseña supersegura que no tardé ni un segundo en olvidar, aceptar unas cuantas normas legales que no me dio tiempo a leer, y listo. Ya tenía un sitio donde la gente podría enviarme jemeils. Y una balleta a mano, por si acaso los jemails iban acompañados de secreciones salivares.
Y teniendo mi cuenta de correo, lo siguiente fue hacerme de facebook. Otro nombre que se las trae. No por su significado, que la verdad, ni fu ni fa. Más que nada por la pronunciación. Si voy y en una reunión de amigos guays suelto que me hecho de faceboc, igual me llevo un chasco. Que no, que se dice feisbuk, me dirían los más enteradillos. Pues aquí pone faceboc, estaría a punto de rebatirles. Pero mejor callarse, que en estas lides tecnológicas siempre hay alguien que sabe más que nadie. Me la trae floja como se pronuncie. Bueno, al menos sólo hay una forma de escribirlo. Y varios pasos que dar antes de que te admitan. Paso 5: Encuentra amigos fácilmente, ponía al final de formulario. ¿Qué cojones amigos? ¿Yo lo que busco es trabajo? Sí, claro. ¿Y cómo vas a encontrar trabajo sin una buena lista de amigos que te recomienden, te pasen chivatazos o te propongan lucrativos negocios? Pues eso, a buscar amigos. De eso se encarga el programa. Sale una ventanita que me advierte que está buscando en mi libreta de direcciones de jemail. !Pero si no tengo ni un puto amigo, a parte de mi colegilla! Ni en la libreta de direcciones de jemeil ni en mi agenda finocam. Paso 6: buscar amigos de la escuela. Bueno, por probar no pierdo nada. Escribí el nombre de la escuela, el año en que me expulsaron. Resultados de la búsqueda: no se han encontrado amigos. !Cómo iban a estar esos bestias medio analfabetos! A esas alturas, todos yonkis o macarras. Vete a saber. Pero ¿en facebook?, vamos que ni pintado. Paso 7: describa sus intereses. Bueno, si pongo que soy un manitas, un apañao que lo arregla todo, igual la gente que necesita que le arreglen una cañería me envía un jemeil. Pues eso es lo que escribo. Enhorabuena, bienvenido a la mayor comunidad por internet y bla, bla, bla y me deja en una pantalla con un enorme espacio en blanco que pone: “¿En qué estás pensando? !Qué cojones! Pues en que voy a estar pensando! Escribí: alguien sabe de un curro para un manitas. Y ya está.
Me recosté en el respaldo de la silla. Por aquel día ya había tenido suficiente. Ahora era cuestión de esperar. Convencido de que los jemeils llegarían a mansalva, me fui a dormir. Pero antes escribí en el pos-it: “hoy he hecho netguorquin.”
“Hoy haré netguorkin” escribo un día más en el enésimo pos-tit que llenan la pantalla de mi ordenador. Y me pongo a abrir ventanas. El jemail, la primera, Ni un puto mensaje, El fesibuc, la segunda. Ni un amigo nuevo. No es que no haya conseguido amigos durante todo este tiempo, que sí que he ido encontrando gente que le guste la fontanería o el brocilage. Lo que pasa es que cuando les digo lo que estoy pensando, automáticamente desaparecen de mi lista de amigos. No sé, empiezo a pensar que estoy apestado. Y sigo abriendo ventanas. Los portales de empleo. Las webs profesionales como Xing y Linkedin. El twiter. Y venga a abrir ventanas. A estas alturas, pienso que soy todo un experto. Podría estar abriendo ventanas hasta agotar la memoria del ordenador. En el fondo estoy contento. Estoy sin un puto duro. Los muebles que tenía han ido desapareciendo de mi habitación. Duermo en un sucio colchón en el suelo. El mes que viene me cortan la electricidad por falta de pago. Pero yo sigo abriendo ventanas. Sin salir a la calle, me paseo por el mundo buscándome la vida. No desesperes que argo te saldrá, me ha escrito mi amigo en un sms. !No, no me desespero! Al menos me levanto sabiendo qué voy a hacer durante el día y me duermo con la sensación de que lo he hecho.